LAGO LEMAN Y RÓDANO

bicicleta por el lago leman en Suiza

El año pasado ya estuve por la vía Rhona y fue todo un descubrimiento. Este 2019 el plan era terminar con mi hijo el tramo que me faltaba, pero como eran pocos kilómetros, lo decidimos completar con una vuelta al lago Leman que alimenta el río Ródano. De esa forma además de Francia tocábamos Suiza, y mi hijo podía añadir otra muesca a su personal lista de países visitados. El plan era sencillo, dejar el coche en Valence, subir hasta Ginebra por la vía Rhona, rodear el lago, y volver con un TER directo desde Ginebra. Menos por alguna cosilla es un viaje realmente chulo y donde encuentras mucha gente viajando en bici. Además el calor y el viento nos ha respetado pese a ser julio.

El primer día lo tomamos con calma porque teníamos 850 km de coche desde casa para llegar a Valence, y nos dedicamos solo a descansar bien. Por eso a la mañana siguiente a las 7 ya estábamos listos para dejar el coche en el punto de partida. Por desgracia hasta las 8 no nos abrieron la puerta del camping. Con ese retraso dejamos el coche en San Maurice, bajo unos grandes árboles muy cerca de la estación TGV. A las 9:30 ya estábamos pedaleando con mariposas en el estómago. Nos perdimos un poco en Valence, pero pronto encontramos la orilla izquierda del río Ródano, que nos llevaba hacía el norte. El viento lo teníamos en contra, aunque por suerte no era muy fuerte. Pronto empezamos a cruzarnos con más cicloturistas que bajaban el río.

Mi hijo como kayakista que es, pronto empezó a maquinar propuestas para volver a navegar ese río tan chulo. Yo como ya había pedaleado ese tramo, pensaba que me iba a aburrir. Pero no, como iba en sentido contrario al del 2018 algunas cosas me resultaban familiares, pero no era lo mismo. Aun así apenas paramos a ver nada, solo nos deteníamos a beber cervezas y comer algo. Y es que mi hijo ya roza los 18, y es físicamente una bestia que me cuesta seguir. Por eso que cuando nos quisimos dar cuenta ya llevábamos 100 km, una burrada para el primer día. Por eso lo dejamos en el camping de Condrieu. Sufrimos mucho para cenar, pero al menos había un ambiente cicloturista de primera.

El día segundo el camino era bastante parecido a la jornada anterior. Buen asfalto, muy llano y mucho camino segregado. Cuando nos quisimos dar cuenta llegamos a Vienne de donde salí en el 2018, y allí si que dimos una vuelta para ver la catedral y el templo de Apolo. Continuamos camino de Lyon, y todo iba bien hasta que llegamos hasta Givors. Allí las indicaciones físicas no eran muy claras para llegar a Lyon, y la guía tampoco ayudaba con esa zona. Es por ello que decidí tirar de un track que llevaba guardado. Ese tramo dejó de lado el río llevándonos por una carretera estrecha, llena de tráfico y entre zonas industriales. Nos despistamos y sufrimos bastante, tomando incluso una pista de tierra poco ciclable. Por eso cuando llegamos a las fueras de Lyon nos refugiamos en un Burger King para lamernos las heridas. Tras muy poco turismo por el centro de la ciudad, ya tomamos la margen izquierda (según la corriente) que nos sacaba de la ciudad por un paseo encantador. El camino se volvió de tierra y llegamos a una playa fluvial enorme y petada de gente. El calor apretaba, y debíamos elegir si seguir hasta el siguiente camping, o quedarnos allí. Decidimos tirar y recortar un poco el camino oficial de la vía Rhona. Ello nos hizo tomar unas carreteras secundarias, y unos caminos de tierra que nos fundieron porque de nuevo pasamos de los 100 km. Nuestro final fue en el Camping municipal Le Val d’Amby.

La tercera etapa empezó lejos del río entre campos de maíz. Pronto encontramos caminos super chulos y sombra. Incluso alguna zona de puerto fluvial donde la gente disfrutaba a tope. A mi lo que más me gustaba es que rodábamos muy cerca de un macizo con rocas descarnadas. Y es que casi sin darnos cuenta el Ródano se iba encajonando entre montañas. Para no estirar mucho esa etapa nos salimos de la vía Rhona y nos fuimos al camping municipal de Yenne. Además de barato estaba a la orilla del Ródano, y era un centro de kayak. Un lugar para volver a navegar porque el río va muy encajonado y libre en esa zona.

Estábamos pasando de mucho los 100 km diarios, y la idea era terminar la cuarta etapa en Ginebra. Como los campings estaban lejos de la ciudad decidí pillar un hotel en las afueras. De esa forma teníamos margen para llegar a cualquier hora de la tarde. Y es que como teníamos dudas de los kilómetros y el perfil de lo que nos faltaba hasta Ginebra, decidimos no volver a la vía Rhona, y hacer un recto para ahorrarnos algo de distancia. Todo iba genial hasta que en una bajada el cambio de mi Kona Rove se rompió dejándome solo con el piño más pequeño. Era casi imposible pedalear con ella, y llegar a un pueblo para que la reparasen fue un infierno. Después de perder dos horas, retomamos la marcha a medio día, con toda la solana. La moral se nos vino abajo cuando a medio camino pillamos unas cuestas fuertes, y por todos lados solo veíamos montañas. Por suerte pillamos una fuente en medio de un pueblucho, y nos mojamos como cochinos. Pillar una fuente pública en Francia no es muy habitual, con lo que lo recibimos como una buena señal del universo. Y así fue, porque más adelante una trepidante bajada nos llevó hasta encontrar de nuevo el Ródano. Tras perdernos varias veces, los sms del roaming nos dijeron que habíamos entrado en Suiza. Que chasco no haber cruzado una frontera. Llegar al hotel fue un bálsamo al día mas accidentado y trepidante del viaje.

Tras la marcha del día anterior, el quinto día lo dedicamos al principio a callejear por Ginebra. Como de costumbre nos perdimos unas cuantas veces, pero una vez pillada la orilla del lago Leman todo fue un juego de niños. Una carretera circunvala casi todo el lago, y con ella un carril bici nos hace fácil la vida a los ciclistas. Eso si, entre nosotros y el agua, casi siempre habían mansiones de la leche. Mi hijo muy en la edad, flipaba con los super deportivos que nos íbamos encontrando. Yo era más de los castillos a la orilla del lago que íbamos encontrando.  La verdad es que el paisaje era de ensueño, porque la orilla suiza, es de colinas, y el paisaje que teníamos enfrente (la parte francesa) lucía con las primeras montañas de los Alpes. A medio día paramos en una playa y cayó el primer baño del día. El sol brillaba, las mujeres sonreían y todo era perfecto….menos las cervezas a 7 eur. Y es que los precios pican en Suiza. Seguimos pedaleando por la tarde, haciendo muchas paradas para saborear el día. Como no habían muchos campings nos quedamos en uno muy modesto, antes de llegar a Vevey. Allí nos dejaron acampar a la orilla del lago en un lugar de postal, donde terminamos nadando (como no) en el lago Leman.

La sexta etapa comenzó con canguelo. Toda la noche tuvimos un huracán, y temíamos una lluvia que al final no apareció. Recogimos y pasamos por Montreaux donde la huella de su festival de jazz, asomaba por todas partes. Ya se veía el final del lago, y comenzamos a tener las primeras montañas de los Alpes encima, lo que nos regaló unas imágenes de traca. De nuevo cruzamos la frontera con el chasco de no tener que pasar ninguna aduana. Ya en parte francesa almorzamos y nos dedicamos a buscar una playa, y pasar el medio día a remojo. Y es que la parte francesa del lago Leman, no tiene las orillas tan edificadas, y habían muchas zonas de baño y puertos deportivos. Tras el bañito ya empezamos a agobiarnos un poco del calor y el recorrido. Si querías ir muy cerca de la orilla ibas haciendo eses, y subiendo y bajando la margen, lo que resultaba agotador. Es por ello que decidimos seguir la carretera D-1005 que rodea sin cuestas el lago, y aunque era domingo llevaba un tráfico moderado y respetuoso con los ciclistas. Hicimos una de las paradas en la ciudad balneario de Evian. Y allí decidimos dormir justo en la frontera, a unos 13 km de Ginebra en un hotel que pillamos en super oferta.

El último día se trataba de llegar desde la frontera hasta la estación de Ginebra. El recorrido era tan fácil y cómodo por carril bici que nos plantamos en un plis y hasta tuvimos tiempo de pasear para matar los últimos francos suizos que llevábamos. Como era de esperar el tren llegó puntual y en unas tres horas nos llevó hasta Valence, donde recuperamos nuestro coche y regresamos a casa.

Personalmente me vuelvo habiendo conocido la parte de la Vía Rhona con menos carril bici, pero con unos paisajes más chulos. Además descubrimos que el lago Leman es muy fácil de hacer y con muchas cosas que ver, sitios donde tomar baños y disfrutar de unos paisajes de postal. Para hacer esta ruta la preparamos con la guía de la Vía Rhona. Cómo pareja ciclista hemos hecho con relativa facilidad etapas de campeones. Claro que al precio de pedalear muchas horas, y ver con calma poquitas cosas. Pero el mensaje es que seguimos creciendo como cicloturistas.

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