VUELTA A LA ALBUFERA DE VALENCIA EN BICI

Dar la vuelta en bicicleta a la Albufera de Valencia era un viejo sueño, reto , ilusión…..llámalo como quieras. La Albufera es una laguna al sur de Valencia y desde hace años un parque natural. La gente de mi generación tenemos una imagen romantica de ese entorno gracias a aquella obra de Blasco Ibañez, llamada “cañas y barro”. No lei ese libro, pero si vi de chiquitin la serie. Se trataba de que mi hijo de 12 años alcanzase el fondo necesario para hacer los 50 km que cuesta rodearla en bici. Muchos os preguntareis por que no la navegamos en kayak ?. La respuesta en sencilla. No está muy claro que se pueda legalmente navegar en kayak. La gente del lugar te da informaciones un poco contradictorias. Por otra parte, yo ya la hice hace años en una excursion organizada, y el paisaje es anodino, cañas y mas cañas. El agua tiene un color como de cloaca. El atractivo de navegarla está en la fauna que podemos ver, y el pueblo más típico de la orilla: el Palmar. Tengo idea de navegar algo por alli con mi hijo, especialmente porque me comentaron que van a prohibirlo explicitamente en el nuevo plan del parque.

Hemos hecho este recorrido en Marzo, con un día casi primaveral. La idea era haber ido a hacer kayak a la Illa de Buda, pero al no tener clara la previsión, esta excursión ha sido nuestro plan B. Hemos dejado el coche en Silla por aquello de que a mitad camino estar por el Saler, y comer allí, o incluso en el Palmar. A las 10 ya estábamos pedaleando apuntando hacia el norte, a Valencia. Pronto he parado para preguntar por donde se cogía el desvío para ir al puerto de Silla. Es un lugar que ya conocía, muy bonito, de donde han salido desde hace siglos las barcas hacia la laguna. Nos lo habíamos pasado y hemos decidido continuar pedaleando. Poco despues entre caminos rurales asfaltados hemos llegado al otro puerto importante de la Albufera, el puerto de Catarroja. Decenas de barcas estaban amarradas, y había bastante gente del terreno. Un sitio muy bonito, y con mucho acento rollo Don Pio. Es por ello que embriagados por este ambiente nos hemos salido del track guardado y hemos ido junto al canal que conecta el puerto con la Albufera. Error, porque si bien todos los caminos llevan a la Albufera, casi ninguno le da la vuelta. El resultado es que después de varios kilómetros hemos llegado a un punto que no podíamos continuar, y hemos tenido que desandar el camino. Moraleja ten mucho cuidado que camino tomas. Al menos en ese tramo equivocado hemos pasado por una zona encharcada donde había muchos y variados pajaricos.

Retomado el track, hemos pasado muy cerca de la autovía y el mega polígono de Sedavi. A unos pocos kilómetros veíamos la ciudad de la artes y las ciencias, y un poco mas adelante las grúas del puerto. El paisaje se ha convertido en algo poco agradable, enormes campos de huerta vacíos y secos. Hemos parado en la caseta de Vicente Baixuli a almorzar. Llegados a esta altura mi hijo ya preguntaba si existía la Albufera, o era un truco para hacerle sufrir muchos kilómetros. Y es que la gente se olvide de bucólicos paseos en bici por la orilla divisando la Laguna, porque no existen esos caminos, o no son aptos para las bicis. Como ya he dicho casi todos los caminos son radiales.

En algunos puntos el camino se volvía de tierra, y hasta desaparecía, y es que llevaba el track de alguien que lo había hecho corriendo. Por eso nos tocó echar el pie al suelo y cruzar este y este lugar, a pie. Teníamos a tiro de piedra el Saler. Zona estrecha que se encuentra entre la Albufera y el mar, y es una muestra muy chula de bosque mediterráneo. Solo unas torres gigantes y un hotel monstruoso rompen tanta naturaleza. Un problema es que la recorre una carretera estrecha, donde los coches corren muchisimo, y mas a la hora que llegamos que todos iban rabiosos a comer al Palmar. Ya habíamos estado con la familia pedaleando por alli con lo que algo la conocía, pero aun así me despisté un poco. Ya en el camino adecuado fuimos pedaleando entre la devesa del Saler, donde es muy recomendable pedalear. Era casi hora de comer y nos paramos en la playa del Saler. Ese día no pudimos navegar, pero gente como nosotros si podemos, elegimos estar frente al mar.

Nos pusimos en marcha, y por un camino llegamos hasta la carretera esta tan mala que os comentaba. Pero unos pocos metros mas adelante estaba el desvío para el pueblo del Palmar. Este es un pueblecito que es una isla enorme, y que vive por y para la Albufera desde hace siglos. Ahora es muy tipo parque temático, con mas restaurantes que barcas, y donde autobuses llevan cargamentos de turistas para dar un paseo en barca por la Albufera. Y en uno de esos embarcaderos, por fin mi hijo pudo ver la laguna y que no era un cuento mio. El barquero fue muy amable, y estuvimos hablando con el, pese a que le dijimos que no podíamos ir en barca. La verdad es que la gente de la Albufera es de 10. Llegamos al Palmar y no lo hicimos muy largo porque estaba petado de domingueros en las terrazas y coches por todas partes aparcados de cualquier forma. Todo muy alejado de la novela de Blasco Ibañez pero viviendo de aquellas rentas y fama.

Dejamos atrás el barullo del Palmar, y por un camino asfaltado continuamos. Pensaba que por este tramo iriamos pudiendo ver la Albufera mientras pedaleábamos….pero no, como mucho vimos algún canal o acequia. Viendo el panorama, y que a mi me dolia ya el culo, y mi hijo ya estaba cansado, se trataba de llegar pronto al coche.

Dimos la vuelta a la Albufera, pero aparte de tachar uno de nuestros restos ciclistas, y cumplir la mística de rodear algo…pues chulo, lo que se dice chulo no fueron los 53 km que hicimos. Puede que en otra época del año, con los arrozales encharcados, tenga mas atractivo paisajístico. El resto del año lo más interesante y bonito lo encontraras entre Valencia sur, y el Palmar con lo que con ir y volver como hicimos la otra vez es lo mejor, frente la opción de dar la vuelta.

Antes de volver a casa para quitarnos el mar sabor de boca pasamos por el puerto de Silla, y estuvimos charlando con gente del terreno que pasaban la tarde del domingo arreglando a su chica: su barca. Momentazo.