POR EL CARRIL BICI DEL SALER HASTA LA ALBUFERA DE VALENCIA

Nuestra salida de hoy ha sido por el sur de Valencia. Por si alguien no la conoce, es una enorme zona plana, con un lago no menos grande llamado La Albufera de Valencia. Entre ella y el mar hay una estrecha lengua de tierra llamada popularmente el Saler. Nuestra idea era haber comenzado desde Pinedo. Es un poblado pegado al sur del mastodontico puerto y el nuevo cauce del Turia. Por allí pasa un carril bici que comienza frente la ciudad de las Artes y las Ciencias, y finaliza un poco mas adelante del Saler. Sin embargo al enterarnos que ese día casualmente había una prueba de triatlón allí, hemos optado por empezar por el final.

Nuestro punto de partida ha sido cerca de la urbanización de les Gavines. Tras preparar todos los bártulos, y pegar un bocado en plan de almuerzo, nos hemos dirigido hasta uno de los puntos mas bonitos del recorrido. Se trata de la Gola de Pujol, donde un canal une la Albufera de Valencia con el mar para que esta desagüe puntualmente. Tras cruzarla nos esperaba una laguna, el estany de Pujol. Un lugar lleno de vida en forma de aves, y gente con la bolsa nevera y la silla de camping. Los pinos lo cubren todo, a la vista, y además son de esos que a mi me gustan, los que parecen peinados por el viento. Hemos anotado este lugar para volver, y hemos desandado el camino. Tras cruzar de nuevo la gola, una plataforma de madera era nuestro camino entre un humedal. Pierdes el mar de vista, y llegas a una zona de apartamentos altos.

Llegados a este punto el camino pasa por unos lugares estrechos, entre arbustos. Yo al llevar mi hija con el Trail Gator, he tenido que echar pie a tierra porque no me apetecía dar con mis huesos dentro de una zarza. De todas formas, no hay problema en empujar a pie tu bici, con el niño encima de la suya. Tampoco hay mucho problema en perderse porque unas señales indican en los cruces por donde hay que ir. Al final de este tramo complicado (si vas con niños) hay un cruce peligroso. Atraviesa la carretera que lleva al Sidi Saler, tiene poca visibilidad y los coches van mas rápidos de lo necesario (típico de Valencia-city).

A partir de aquí llega el tramo quizás mas bonito porque los pinos se apoderan de todo, pero dejan como ventanas que te dejan ver el típico paisaje de humedal. También ayuda a la belleza del lugar que no hay nada construido. Llevábamos cinco kilómetros, y parte del equipo ya ha empezado a cansarse. Y es que cuando vas con niños, conviene programar frecuentes paradas. De nuevo hemos comido algo, y estirado las piernas. Este lugar ya está a la altura del Saler , y en vez de seguir la ruta programada, hemos buscado el mar, y el paseo que recorre la zona de dunas. En esta zona hay algunos restaurantes , y un paseo con carril bici. Las dunas apenas dejan ver el mar, pero después de llevar firme pedregoso, hemos agradecido, el volver al asfalto. Eso si los pinos se han acabado. Este carril se ha terminado, y por un camino hemos enlazado con el carril bici del Saler. Lo bonito de la zona es que no hay un camino único y se pueden combinar varios.

Llegados al familiar rojo del carril bici, hemos puesto rumbo a Pinedo. Pese a ser un día así un poco brumoso , del horizonte ya se ha apoderado la vista de las grúas del puerto. Y sin darnos cuenta nos hemos plantado en Pinedo, un lugar que nos ha sorprendido gratamente. Pensábamos que al estar cerca del puerto estaría un poco hecho polvo el litoral, pero no ha sido así. Hemos descansado jugando en la arena al solecito, y como no tomando una cervecita y unas tapas en una abarrotada terraza. Los niños pidieron un refresco, ojo.

Un chico se me ha arrimado a ver que tal se iba con el Trail Gator. Solo le he podido decir que muy bien y de forma divertida. Eso si, que si era tímido lo borrase de su cabeza. Creo que hoy todos con los que nos hemos cruzado, han hecho algún comentario….”mira que gracia”, “que bien que va esa nena…” , “como mola….”. Me ha sorprendido algo porque pensaba que en Valencia deben haber mas flipados como yo que utilizan el Trail Gator, y no nos mirarian como marcianos.

Ha llegado el momento de volver, y hemos llevado una marcha sin apenas paradas, nos conocíamos el camino y no era cuestión de entretenerse. Yo iba siempre delante, remolcando a mi hija, y en unas cuantas paradas he tenido que esperar a mi hijo y mi mujer. Hemos cruzado el pueblo del Saler, y luego tomado el carril bici que lleva hasta la playa. Antes de llegar a ella, hemos girado por el camino amarillo , de esta forma hemos variado un poco respecto la ida.

Como no era muy tarde cuando tenia el coche cargado, hemos pensado en ver la Albufera de Valencia desde el Palmar. Este antiguo pueblo de pescadores (ahora de restaurantes) es el corazón de la Albufera. Me trae recuerdos de las típicas excursiones escolares que hacíamos cuando era niño. Volver con mis hijos, es una forma de saborear aquellos días. Y claro, los niños al ver las barcas que daban paseos, pues se han puesto burrotes con querer navegar. Yo había dicho que no , y tras el correspondiente berrinche de mi hija he dicho que si….

Ya se que esta forma de actuar es contraria a todos los manuales para padres, pero he pensado que era tonto perderse un atardecer en la Albufera. Así que con la barca del tío Pastilla, nos hemos dado una vuelta entre este paisaje de barracas, cañas y palmeras. Ha sido muy bonito con esa luz tan especial, y solo el run-run del motor rompía un poco el momento. El simpático barquero me ha dado consejos para volver a navegar, pero con el niño y el kayak doble, me lo tengo que plantear algún día.