CAMINO NATURAL DEL DELTA DEL EBRE

El Delta del Ebro es un lugar genial para recorrer en con infinidad de recorridos. De todos ellos hay uno que es el camino natural del Ebro, que va desde Amposta hasta Riumar justo en la desembocadura, que me apetecía mucho descubrir. Por potentes motivos. Uno es porque esa zona la conocía de ir en kayak. Pero además porque es la prolongación de la vía verde que sale de Alcañiz. Por un tema burocrático se llama camino natural del Ebro o GR-99 pero merecería estar dentro de la red de vías verdes. Llegados a la desembocadura mi plan era conocer los caminos de la parte norte. Esta vez iba solo. Mi hijo es un gran ciclista pero un fatal madrugador, y por culpa de ello esta ruta se había pospuesto ya demasiadas veces. Con un día moscoso de vacaciones esta ruta era un planazo, que no podía retrasar.

COMO LLEGAR

Aparte de llegar en coche, desde Barcelona y Valencia hay trenes regionales de los que dejan subir bicis. La única putada es que desde Valencia solo hay cuatro en cada sentido, lo que limita un poco las posibilidades. La estación de referencia es la de L´Aldea, porque está en un punto clave: muy cerca de Amposta, y con caminos solitarios hasta Camarles y L´Ampolla en el norte del delta del Ebro.

CUANDO HACER EL RECORRIDO

Yo lo he hecho en septiembre, y con el ojete apretado porque mientras iba de viaje los nubarrones y la previsión eran acojonantes. Cualquier época del año es buena, y según el mes el delta tiene matices que lo hacen especial. Los arrozales cambian su aspecto de verde, a ocre, barrizal o laguna. Además está el tema de que es un santuario de aves migratorias. Para cuando decidas el momento debes vigilar el viento y el calor. Al ser un lugar llano y húmedo, no hay donde esconderse con condiciones. Un poco relacionado están los mosquitos, que son muy besucones. Otro tema a tener en cuenta son las hordas de turistas en fin de semana. Aunque para esta ruta todo casi todo son carriles segregados y caminos tranquilos.

L´ALDEA-AMPOSTA-RIUMAR

Para alcanzar la referencia del camino natural del Ebro había que llegar a Amposta. Puesto que había que cruzar el rio Ebro y no hay puentes ciclistas, solo quedaba la opción de llegar por la n-340. El arcen era ancho, y solo se estrechaba en el puente. Una vez en Amposta, merece dar una vuelta por este pueblo de ribera. Un carril bici de color verde en la margen del Ebro marcaba el camino hacia el Mediterráneo. En pocos metros aparecían las señales del GR-99. Éste tenia una pinta genial con características de vía verde. Áreas de descanso, barreras de madera y atravesando el bosque de Ribera. Por momentos me sentía como en la vía Rhona. El pavimento era de tierra prensada, apto para casi cualquier bici.

Aprovecho para contar que llevaba mi nueva Kona Rove, una bici que estoy probando en mis viajes y rutas para contarte como va. Esta es una bici que ahora se cataloga como gravel, pero que vendría a ser el ciclocross de toda la vida. Una bici que marcha en asfalto pero que cuando éste se acaba, mantiene el tipo. Creo que buena culpa lo tienen los neumáticos de 35 mm de ancho schwalbe delta cruiser plus. En todo caso el amor se gana ruta a ruta, y esta Kona me está conquistando pese a los problemas que el manillar me da en las manos.

Con un ojo en los nubarrones, puse velocidad de crucero para llegar a Sant Jaume d´Enveja. Aproveché para dar una vuelta por el pueblo y comprar una cerveza para hacer picnic en el puente lo passador. Recostado en los bancos, repasando un bocata de atún, veía como el viento barría las nubes, y el sol decía “aquí estoy”. El miedo a hacer la ruta empapado en un chubasquero, pasaba a embadurnarme de crema solar. La felicidad se construye con momentos como ese.

Tocaba pasarse a la orilla izquierda, para buscar la desembocadura. De haber seguido por la margen derecha, el camino natural del Ebro lleva hasta la Illa de Buda, recorrido que ya hice en familia. Al final de Deltebre me separé de la orilla del Ebro. El camino iba paralelo a la T-340 por un carril asfaltado pero lleno de malas hierbas. De nuevo en el muelle de Golondrinas que dan vueltas a los turistas en barco (muy de domingueros), volví a encontrarme con el río, y más adelante el puerto de Deltebre. Ya faltaba poco para llegar al faro  del Garxal y su mirador con forma de zigurat. Yo que había navegado por ahí, fue un subidón la panorámica. Desde el agua todo son cañas y agua. Desde el mirador del Garxal tenia una visión de dron. Dron de los chinos, pero dron.

Ya solo faltaba llegar a Riumar, una urbanización en la punta del delta. El camino era de tierra entre dunas y miradores a lo Garxao, una laguna semi abierta al mar que vendría ser el Port Aventura de aves acuáticas. Este trocito me resultó de lo más auténtico de la ruta.

RIUMAR- L´AMPOLLA

Llegar a una urbanización medio desierta después de salir de una zona de protección, fue un bajón. Pero eso me lo curé pronto, porque atravesé las dunas y estuve circulando por la pasarela de madera. Está prohibido y no está bien, pero con la playa vacía fue un momentazo. Ahora se trataba de conocer el norte del delta tratando de seguir al máximo posible la línea de costa. El problema es que la erosión y retroceso del delta han ido mermando los caminos paralelos al mar. Por eso cuando llegué a la playa bassa de arena tuve que hacer un trozo a pie por la arena. Más adelante pude ir pedaleando por la línea que dejaban las olas en la orilla. La Kona de nuevo se comportó en un escenario difícil. Eso si a cambio de un esfuerzo importante y quedar rebozada de arena con agua de mar.

Pasada la Gola del Pal, ya volvían los caminos de tierra, que me ayudaron a cruzar la playa de la Marquesa. Al final quedaba el restaurante los Vascos, donde unas escolleras artificiales retardan lo que un día será inevitable: que se lo trague el mar. De aquí empezaba el camino a la punta del fangar, pero ya había tenido demasiada dosis de ciclismo en la arena, y no quería más así que lo dejé para otra excursión. Hice bien porque al rato la rodilla izquierda empezó a protestar por el esfuerzo. En esta zona flipé al ver como los arrozales casi llegan hasta la arena de la playa.

Un camino de tierra ya me llevaba por el interior de la bahía del fangar, donde el matorral le quitaba espacio a los campos de arroz. Era chulo ver las bateas de mejillones desde tierra, después de visitarlas en kayak. En un punto el camino era cruzado por una pequeña acequia. Ya me veía sin zapatos ni pantalones, cruzando el agua, cuando “oh salvado” unas maderas dejaban cruzar. Sin darme cuenta ya estuve en l´Ampolla, territorio conocido.

L´AMPOLLA-L´ALDEA

Después de recuperarme con una horchata king size y un pastel, me dirigí hacia la estación pasando por Camarles. El camino lo conocía de otra ruta, y me resultó fácil. El paisaje era más urbano y de huerta pero aun tenía su aquel. Aun así este tramo no tuvo mucha más historia.